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jueves, 4 de febrero de 2016

- DECLARACIÓN PERSONAL -



Una cosa buena tengo que agradecer a la vida y debo reconocerlo: No se me ha permitido un instante de aburrimiento. De niño ayudando en casa desde los once años (mi padre tenía una fábrica de cajas de cartón y yo aprendí a manejar todas las máquinas y a usarlas a esa edad cuando estaba de vacaciones en el colegio) No supe lo que eran vacaciones hasta que estaba ya casado y viviendo en Madrid.

Tuve que arrimar el hombro desde los quince años ganando dinero para pagar deudas familiares. Jamás tuve una puta beca porque mi padre tenía una industria y era "rico" a los ojos del cerdo de Franco.

Hice mi carrera simultaneando estudios y trabajo. No dormía apenas cuatro horas diarias -y eso cuando podía- por lo que arrastré una jaqueca permanente durante años. Fui explotado miserablemente por unos y otros. En fin: ¿Para qué entrar en detalles?

Acabé mi carrera; conseguí un trabajo digno tras oposiciones muy peleadas. Por mi formación técnica y humanística fui despreciado y ninguneado hasta ser más que adulto; pero, eso sí, muy solicitado para trabajos muy especiales, delicados y relacionados con políticos extranjeros y la propia Casa Real española.

Por fin conseguí algo de respeto a punto de cumplir los cincuenta. Fui profesor de sistemas digitales y me dejé el alma en ello. Caí y me levanté, Soporté con paciencia que me pasaran sindicalistas ignorantes y, poco a poco, logré ahorrar cuatro euros para vivir casi decentemente.

Con esos antecedentes ¿Voy a tolerar que una panda de vagos piojosos sin más méritos que el peso de sus ladillas y alguna seudocarrera universitaria, me dé lecciones de solidaridad y me llame privilegiado y, por ello, digno de ser enviado a vivir a la intemperie para que sus rastosos de mierda disfruten de mi pobre patrimonio sin dar un golpe? ¿Quién de ellos se atreve a darme lecciones y de qué? ¿De fasciología de izquierdas? ¿De fasciología de derechas? ¿De robar? ¿De enfrentarse a la poli en las algaradas?

Andad a la mierda, hijos de la Grandísima Puta. No me llegáis a la suela del zapato y seguís viviendo de mis impuestos

¡Dios os confunda!