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miércoles, 15 de marzo de 2017

- UN PASEO POR ÉVORA Y EL ALENTEJO ( y III) -

- 26-02-2017 -

Último día de viaje, pero aun nos quedaba alguna sorpresa agradable: Nos vamos a Monsaraz a dar un paseo que es, en sí mismo, toda una lección de Historia que intentaré explicar paso a paso aun con la seguridad de olvidarme de mil detalles.
Murallas de Monsaraz.

En el término municipal, concelho en portugués, de Reguengos de Monsaraz encontramos una pequeña ciudad fortificada al estilo de la ya descrita de Marvao pero que conserva mucho mejor su sabor medieval. Guardando las distancias de estilos y las derivadas de sus necesidades defensivas, me recordó algo a la aldea de Sos en la provincia de Zaragoza casi limitando con Navarra; si bien, este último conserva aun mejor su esencia.

Monsaraz. Torre del Homenaje.
Este es el momento de hablar un poco del curioso término de
Reguengos que, en portugués equivale al nuestro de realengos. Si nos vamos a los fueros medievales que siguieron usándose hasta bien entrado el siglo XIX, encontramos con dos tipos de distribución de las tierras conquistadas a los musulmanes: Uno de ellos, llamado señorío, designaba las tierras que el Rey concedía a un señor feudal en premio a sus méritos en batalla; el otro, llamado realengo, era el territorio que el propio Rey se reservaba para explotar sus riquezas. No todo era tan fácil como acabo de decir porque, si bien el señor hacía y deshacía a su antojo en sus
Calle lateral de Monsaraz.
territorios, tal privilegio no era gratis ya que estaba obligado a mantener un ejército a sus expensas que, en caso de necesidad, era reclamado por el Rey; así como velar por los intereses de sus vasallos asegurando su seguridad, alojamiento y mantenimiento. A cambio, el Rey permitía que el señor recaudara sus propios impuestos, impartiera justicia y reservara una parte de sus ingresos para el tesoro real que tenía que ser entregado una vez al año o cuando el Rey lo considerara oportuno.

Vista de Monsaraz desde el castillo.
Cuando se ve una fortaleza con una torre exenta interior llamada torre del homenaje, podemos estar seguros que, bien fuera de señorío o bien de realengo, aquel lugar estaba destinado a recibir visitas importantes que podían ser del mismo Rey o de alguno de sus enviados; las de realengo solían recibir al Rey en persona. Las citadas torres no estaban habitadas por el señor del lugar y su planta baja se destinaba al alojamiento del ilustre visitante, mientras que la planta superior se usaba para la ceremonia de pleitesía en la que el visitante, sentado en un trono, recibía al señor quien presentaba el arca de su tesoro y abriéndola se arrodillaba en señal de reverencia ofreciéndole lo recaudado y extendiendo sus manos abiertas como signo de no tener nada que ocultar. En correspondencia, si el visitante no hallaba reproche en la ofrenda extendía sus manos sobre las del arrodillado señor y le ordenaba levantarse en señal de que podía seguir gozando de su confianza.

Un pequeño palacete de Monsaraz.
Volviendo a hablar de Monsaraz, para empezar, su propio nombre tiene una preciosa eufonía que, de haberla conocido el fantasmón de Richard Wagner no hubiera dudado en incluirla en su mitología nibelunga; pero no nos engañemos porque Monsaraz significa algo tan pedestre como “El monte de las jaras”. Situado en una elevación del Alentejo que apenas supera la altura media de la región, a 227 metros se yergue una joya cuyo acceso no es nada cómodo porque, al igual que en Marvao, el bus nos deja bastante alejados de la puerta de entrada y hay que subir a pulmón libre por aquellos caminos que, en este caso, aun son peores que los del resto de Portugal al estar pavimentados con unas terroríficas lajas de pizarra compactadas y puestas de canto que presentan al calzado cientos de diminutas sierras amenazadoras y en sentido transversal a la marcha. No quiero pensar lo que puede suponer una caída en ese suelo y con esas cuestas.

Antes de entrar en la muralla nos encontramos con unos restos que, también amurallados, nos hacen pensar en quizá un intento fallido de construir una barbacana y que, al abandonar el primitivo proyecto se quedaron en pequeños almacenes sin apenas utilidad práctica. Seguimos subiendo y ahora sí que vemos la portada principal, de un gótico muy primitivo y sin retoques de siglos posteriores. A la izquierda los inevitables añadidos defensivos para albergar una tosca artillería que, aunque desvirtúan en algo la esencia de la primitiva traza, no la estropean en conjunto.

Entrada a Monsaraz.
Entramos y atravesamos la doble muralla defensiva, encontrándonos a la izquierda con la llamada “Casa del Aljibe” lo que nos está indicando que aquella fortaleza tenía, además de una fuente de abastecimiento que está en el otro extremo de la muralla, un aljibe de aprovechamiento de aguas pluviales. Al darnos la vuelta para observar el exterior advertimos una curiosidad labrada en las piedras de la jamba de la segunda puerta y una hornacina a su lado. Se trata de las medidas oficiales para uso de la inspección del comercio: Allí están grabadas en piedra las longitudes de la vara y la media vara para medir las telas o cualquier objeto que se vendiera por unidades de longitud; la hornacina estaría ocupada por las pesas para contrastar balanzas y las medidas de líquidos para aceite o para granos.

No debió ser extraña la presencia judía en Monsaraz. Para una vista algo entrenada, mirando de frente la fachada, en las jambas derechas de las puertas se advertían señales de una pequeña hornacina, delatando haber sido usadas para colocar en ellas el pergamino con las oraciones de bienvenida escrito en hebreo y que todo visitante debía tocar en señal de gratitud y respeto. Por desgracia, la mayoría de estas marcas han sido rellenadas con yeso o usadas para colocar en ellas los registros de los actuales suministros de agua o gas y por fortuna, esas tapas de registro son de noble fundición y no de infame plástico. Judíos no quedan pero sí una notable presencia de ciudadanos franceses y holandeses quienes, enamorados de Monsaraz, se han establecido allí de forma permanente y se dedican a la artesanía y al turismo. En una población de menos de mil habitantes, esa presencia extranjera es clamorosa.

Tejados de Monsaraz donde se distinguen las
chimeneas llamadas "de oreja"
Abundando en el asunto de los judíos, también son frecuentes en Monsaraz las llamadas chimeneas “de oreja”. Son chimeneas aparentemente normales con la única particularidad de tener vertical la pared que da a la fachada de la casa e inclinada hacia delante la posterior. Esta curiosa modificación permitía a los habitantes de la casa escuchar ruidos y conversaciones de la calle y así saber lo que se decía de ellos. El único inconveniente era que la transmisión del sonido era bidireccional y también se podían escuchar desde la calle lo que se hablara ante la chimenea; de ahí el dicho tan portugués y tan español de “Nunca cuentes un secreto delante de la chimenea”.

Seguimos subiendo y seguimos teniendo sorpresas. Los restos de
Molino medieval de Monsaraz.
un molino de piedra que, como todos los servicios comunes, era propiedad del Rey y administrado por su representante en Monsaraz. A pocos pasos el horno de pan que era usado en turnos rigurosos una vez a la semana por cada familia; y algo más adelante, ya en la plaza principal, un hospital de los que fundó la Reina Leonor de Viseu a fines del siglo XVI como Casas de Misericordia, fundación que continúa en Portugal y que se dedica a la atención de enfermos y pobres y cuyos ingresos proceden de la lotería, incluida la también popular Euromillón. Enfrente la iglesia parroquial y el consabido pelourinho o picota que, rematado por una esfera representando el poder real sobre el mundo, necesita una restauración antes que se caiga.

Picota de Monsaraz.

La iglesia parroquial no guarda tesoros de arte. Apenas una notable talla procesional de un Nazareno acompañado de su Cirineo de madera sin policromar y factura moderna y un sepulcro gótico de mármol con una escultura yacente que revela bastante impericia por parte del escultor ya que se nota demasiado que esculpió la talla con un modelo puesto en pie y luego tumbó la figura, con lo que los pliegues de la túnica del personaje hacen un vuelo impropio de la postura yacente.

Sepulcro gótico en la iglesia de
Monsaraz. Obsérvese la
túnica con vuelo más propio
de estatua erguida.
Subiendo hacia el castillo y apenas salimos de la iglesia y dejamos atrás la picota, nos encontramos de frente con el actual edificio del Ayuntamiento. Este edificio tuvo en otros tiempos varias funciones simultáneas porque una parte de su planta baja estaba destinada al juzgado y la cárcel, de donde ya salían los condenados derechos a la picota; sobre esos juzgados
Ayuntamiento de Monsaraz.
estaba la casa del juez. A la espalda había dos dependencias más: una era la escuela en su planta baja y la vivienda del maestro o maestra en la planta alta; la otra, un cobertizo amplio y cómodo que albergaba también a un personaje importante de la comarca: el toro semental que era el encargado de cubrir, previo pago, a todas las vacas que estaban en el dominio de Monsaraz. El hecho de contar con una escuela y un hospital eran también dos de las distinciones que los dominios reales tenían sobre los dominios señoriales porque el Rey, por prestigio, estaba obligado a pagar esa escuela, obligación que no tenían los señores sobre sus vasallos; y el hospital era la consecuencia de que la corona no ponía trabas en su instalación y contribuía a su mantenimiento. Ya estamos viendo que por aquella zona, no todas eran así en España, era bastante preferible ser vasallo directo del Rey que serlo de cualquier señor barato de horca y cuchillo.

Al fin llegamos al castillo. Una fortaleza dentro de la fortaleza de la propia ciudad amurallada. Es inútil buscar obras de arte en un lugar concebido y construido sólo para la defensa, primero contra los moros1 y luego contra la temida España pero, de cualquier forma, aquella ciudadela debió imponer respeto en sus tiempos de esplendor.

Torre del Homenaje de Monsaraz.
De trazado irregular en busca de seguir la topografía del alto donde se encuentra, impresiona ver en un lugar tan pequeño esa concentración de murallas, dobles murallas y pasajes de acceso difíciles para el enemigo. Varias torres de vigilancia adosadas al muro principal sirven de primitivos baluartes con sus saeteras que, más tarde convirtieron en troneras. Destaca entre todas la más alta y exenta de muros: se trata de la Torre del Homenaje, lugar de la ceremonia ya descrita que, lamentablemente, ha sido mutilada para su función de solemne defensa por una gran ventana que se practicó en tiempos posteriores perdiendo parte de su encanto. Nada que destacar del
Patio de Armas del Castillo de Monsaraz.
interior de sus torres pero sí de su patio de armas que, rodeado en dos tercios de sus muros por gradas de esa misma cruel piedra del pavimento, sirvió de lugar de entrenamiento de juegos de armas y ahora es utilizada para conciertos al aire libre, espectáculos diversos y hasta corridas de toros porque dispone de un pequeño chiquero de dos plazas. Según nos contaron, allí se celebra una corrida de rejones al estilo portugués una vez al año y el dinero recaudado por la venta de la carne del toro o los dos toros que se lidien se destina a financiar la corrida del año siguiente. Por respeto no voy a comentar aquí lo que pienso sobre las corridas portuguesas en las que se niega al toro la gloria de morir en el ruedo so pretexto de humanidad.

Salida de chiqueros en el patio de armas.
No nos olvidemos que Monsaraz es lugar de realengo. Así que tampoco falta un pequeño pero precioso jardín pegado a la muralla y a la salida del castillo, que ahora se ha ampliado extramuros aterrazando el terreno inmediato. No me extraña nada que haya tantos extranjeros enamorados de Monsaraz; y digo extranjeros porque ningún español lo es en Portugal.

Era ya la hora de reanudar la marcha y hacer la última de las visitas dirigiéndonos a Mourao. Visita que bien podríamos habernos ahorrado porque las pobres ruinas de aquel gran castillo de Mourao no dejaban siquiera averiguar nada de su antiguo esplendor. Casi no valía la pena el esfuerzo del desplazamiento más la subida a pie, poco fatigosa, a un lugar lamentablemente derruido del que apenas se conservan las murallas y poco más. Nada más llegar a la puerta y darme cuenta de la reconstrucción moderna de su arco gótico ya sabía que lo que me esperaba era un solar cercado de sillarejo y algunas torres en estado lamentable.

Entrada al castillo de Mourao.
Emprendimos el regreso e intenté descansar en algún bar con una cerveza, pero el camarero hizo gala de la proverbial lentitud alentejana y para cuando la tuve entre mis manos ya era la hora de salir corriendo al bus. Una pena. De nuevo, vuelta al hotel Olive de Évora para comer, cortés despedida de su director dándonos las gracias y camino de vuelta a Sevilla. Otra vez la observación del triste abandono de muchos de los campos de Portugal en contraste con la pujante vida de la tierra pacense. Me dormí y me desperté justo a tiempo de parar de nuevo en aquel horrible e inmenso lugar de Monesterio llamado Leo en donde ni me molesté en tomar su espantoso café. Vuelta al bus y una última y durmiente etapa hasta llegar a Sevilla a eso de las ocho de la tarde.

Concluyo: ¿Portugal? ¿España? ¿Qué es eso? Es la Hispania romana; una única nación dividida por intereses económicos de señoritos imbéciles. Un tema para meditar ahora con la solemne estupidez de las autonomías. Hispania es un continente en miniatura con todos los climas, fauna y flora imaginables que no entienden de fronteras. El hecho de tener en la Península cuatro idiomas y cientos de dialectos no cambia nuestra idiosincracia; más bien refuerza nuestro conocido sentimiento individualista que nunca debemos confundir con el egoísmo.

Estoy escribiendo desde mi casa en Sevilla pero lo mismo podría hacer desde un hotel portugués, francés, italiano, irlandés o centroeuropeo. Nuestra historia es romana y las huellas de Roma son eternas.

Uno de lo torreones de Monsaraz.

Sevilla, 15 de Marzo de 2017.



1Aunque los portugueses dan por acabada la Reconquista hacia 1244, la realidad fue que los benimerines le dieron más de un dolor de cabeza durante muchos años. La paz definitiva llegó con el fin de la Reconquista española en 1492.

jueves, 9 de marzo de 2017

- UN PASEO POR ÉVORA Y EL ALENTEJO (II) -


- 25-02-2017 -

Tras un opíparo desayuno, Portugal es Portugal, muy temprano salimos en dirección a Marvao y algunos aprovechamos para dormir algo por el camino. La distancia no era precisamente corta y de ahí el madrugón. Para hacernos una idea, había que ir de nuevo hacia el este, pasar de nuevo muy cerca de Elvas para seguir bordeando la frontera hacia el norte hasta llegar a la altura de la provincia de Cáceres, más o menos en la latitud de Valencia de Alcántara y en pleno corazón de la Sierra de San Mamede. Allí nos esperaba nuestro primer destino.


Escudo de Marvao

Bandera de Marvao


Como excepción en el Alentejo, cuya altura media sobre el nivel del mar no supera los trescientos metros, Marvao se encuentra a más de ochocientos metros y quizá por eso, con la tendencia a la exageración que caracteriza a nuestros vecinos, fue llamada "Nido de Águilas". La verdad es que, una fortaleza construida en ese lugar permitía dominar con la vista un amplio territorio posibilitando, además, la comunicación visual con otras fortalezas de la zona para intercambiar señales en caso de avistar algún peligro que primero fue musulmán y luego proveniente de la siempre temida España, pesadilla recurrente de Portugal y que hizo que prefirieran ser casi una colonia británica en vez de formar parte de la nación a la que naturalmente pertenecieron desde tiempos remotos.

Una entrada de la muralla de Marvao.
Marvao apenas cuenta en la actualidad con cuatro mil habitantes pero se la ve un lugar que hace no muchos años dejó atrás la secular pobreza portuguesa y que ahora su economía se defiende muy bien con la agricultura, el turismo y la artesanía. La verdad es que bien pocas viviendas existen fuera de sus imponentes murallas y han tenido el buen gusto de no adosar casi ninguna a ellas por el exterior, con lo que la vista del lugar es magnífica según se aproxima el viajero por aquellas empinadas cuestas. Por supuesto que el autobús no puede penetrar en el recinto y debe aparcar a cierta distancia obligando al visitante a hacer un buen esfuerzo para subir a pulmón libre por aquellos caminos pavimentados de piedras de tortura. Pero merece la pena el esfuerzo, doy fe.
Segunda entrada de la muralla de Marvao.
Obsérvese el añadido posterior de la garita.

Lo primero que se encuentra el visitante es una tosca muralla de sillarejo que revela a las claras las reformas a que fue sometida durante siglos para adaptarla a los sistemas defensivos de cada época, así como también los gustos arquitectónicos que fueron modelando sus puertas en todos esos años. Es normal: de fortaleza de ancestral antigüedad, quizá prehistórica o protohistórica, conserva huellas romanas, visigodas, musulmanas, góticas -modificadas éstas luego por el Renacimiento como se ve en los accesos- acompañadas por algunos añadidos tardorrenacentistas y también de le época barroca, como da fe alguna que otra garita de vigilancia sobre el arco de un acceso; pero el interior conserva gran parte de la esencia de lo que fue.

Marvao. Fuente al pie de la muralla.
No debió tener Marvao problemas con el suministro de agua, talón de Aquiles de cualquier fortaleza o ciudad amurallada como lo prueba la fuente que, al pie de la muralla, sigue manando en la actualidad; así que su conquista fuera poco menos que imposible con una guarnición mediana y los medios militares de aquellos tiempos. De esta forma se explica que tuvo un cierto auge económico hacia los siglos XV y XVI como lo proclaman algunos palacetes que conservan magníficas rejas de fina forja de la
Reja de balcón de forja, quizá del siglo XV.
época y la existencia de un seminario que hoy sigue perteneciendo a la Iglesia y es usado como casa de meditación. Desde luego que el lugar no puede estar mejor elegido; pero nosotros, los visitantes, seguíamos subiendo y subiendo por aquellas cuestas. Una iglesia parroquial muy modificada con gusto dudoso y en la plazuela de la misma un pequeño monumento que nos indicaba que Mourao fue tierra de señorío; y de señorío importante.

El llamado pelourinhoo picota de Marvao.
Es el momento para dedicar tiempo a este tipo de monumentos que se encuentran por casi todas partes en Portugal y en muchos sitios de Castilla. Me refiero al llamado allí pelourinho y aquí picota o rollo de justicia, según categorías del señorío. Sobre una pequeña elevación con tres o cuatro peldaños se erigía una columna labrada y rematada con la simbología que eligiera el señor del lugar. En lo alto de la columna sobresalen algunos garfios de hierro, cuatro en este caso, que ya nos están sugiriendo cosas bastante siniestras. En efecto: El pelourinho o picota fue usado durante muchos siglos para indicar que el lugar estaba regido por un señor de los llamados de horca y cuchillo. Los garfios servían para ahorcar condenados o para exponer en ellos sus cabezas cortadas; la columna para atar en ella a los reos de azotes mientras eran flagelados y, en caso de ser delitos menores, para dejarlos atados allí un determinado tiempo expuestos a la vergüenza pública y que todo el que pasara pudiera insultarlos o tirarles inmundicias. Es curioso que estas columnas fueran frecuentemente verdaderas obras de arte, pero es que también eran un signo del poder del señor feudal en nombre del Rey.

Antiguo seminario de Marvao.
Hoy casa de meditación para sacerdotes.
Había que descansar un poco y allí había un par de pequeños bares acogedores que hasta tenían algunas mesitas en la calle. Como no me agrada demasiado tener problemas digestivos en medio de un viaje de tan denso contenido no se me ocurrió pedir café por precaución y pedí un chá preto; en español, un té negro. Y aprovecho para explicar por qué en inglés se dice tea y en español té a la infusión de unas hojas de arbusto cuyo verdadero nombre es el de cha o chai que usan los portugueses. Como todo el mundo sabe, desde el tratado de Tordesillas se dividió el mundo en dos zonas, según longitud geográfica, correspondiendo la más oriental a Portugal. En consecuencia, fueron quizá los primeros
Marvao. Palacete con ventana esquinada.
europeos en conocer esta infusión de hojas y en darla a conocer al mundo. Más tarde, con sus convenios británicos pudieron conservar el monopolio del comercio del té y lo exportaban en cajas de madera con la inscripción de
Transporto Erbas Aromáticas. Los británicos se aprendieron el acrónimo de "TEA" y lo popularizaron por todo el mundo. Y es por eso por lo que el nombre original de la planta del chá o chai sólo es usado en Portugal y Brasil, tomando los derivados de tea en el resto de Occidente.

Salimos de Marvao. Poco más que decir de su castillo porque, más allá de las murallas, no existe nada parecido. Era una ciudad fortificada y sólo eso; más que suficiente como lo demostró su historia. Ahora nos vamos a comer a un lugar muy cercano llamado Portagem (peaje o portazgo en español) porque por allí pasaron en 1492 parte de los judíos españoles expulsados por los Reyes Católicos; y Portugal no pudo por menos que aprovecharse de su desgracia cobrando por la entrada. La Historia es así.

La comida, a orillas del río Sever fue memorable: Unos entremeses suficientes y exquisitos precedieron a una crema de no sé que, pero muy buena para preparar el estómago, seguida de una ternera con patatas fritas y vino a discreción que, como creo haber dicho antes, los alentejanos ya han aprendido por fin a hacer buen vino. Abundancia y sabor a raudales. Una gozada que, para colmo, el responsable del lugar se paseaba por allí con una gran bandeja repleta en la mano ofreciendo repeticiones. Casi se me caen las lágrimas al rechazar la segunda ración pero sabía que aun quedaba una tarde muy activa y, de comer más, me hubiera sido imposible seguir despierto. Volvemos al bus y emprendemos de nuevo el camino. Esta vez hacia el sur y, de nuevo, casi bordeando la frontera. Nuestro destino es Vila Viçosa, nombre que no expresa un lugar lleno de vicios sino que en lenguaje medieval español y portugués significa alegre y exuberante.

Plaza del Palacio Ducal de Vila Viçosa con la
estatua ecuestre del Rey Juan IV,
Duque de Vila Viçosa.
A pesar de ser pequeña con sus apenas nueve mil habitantes, Vila Viçosa está llena de lugares idóneos para visitar. Nosotros, siempre faltos de tiempo, tendremos que conformarnos con su impresionante Palacio Ducal que, guardando las distancias en tamaño y magnificencia, nos recuerda irresistiblemente al resto de palacios barrocos europeos. Además, está lleno de obras de arte entre las que no faltan pinturas firmadas por la mano del propio Rey Fernando II, llamado el Artista con toda justicia y que reinó entre 1837 y 1853, si bien fue un caso anómalo de la monarquía portuguesa parecido al nuestro de Felipe el Hermoso porque, entre 1837 y 1844 sólo fue rey iure uxoris o por matrimonio, ya que la verdadera Reina en teoría era María II, última representante de la dinastía agotada de la casa de Braganza que dejó paso en 1853 a la de Braganza Sajonia-Coburgo y Gotha. Sí, ya lo sé; un lío esto de los Reyes de Portugal; en eso se distinguen muy poco del resto de las monarquías.

Entramos en el palacio y ya en el recibidor contemplamos una impresionante escultura clásica de mármol de un anciano desnudo cuyo autor no nos fue aclarado pero que era un verdadero artista. Algunas señoras más atrevidas que las demás se hicieron fotos con la mano en el pene de la talla. Supongo que le encontrarían la gracia porque, al menos, estaba duro. Algo es algo para consolarse en la vejez.

El Palacio Ducal es, en realidad, un palacio real desde la subida al trono del Duque de Braganza en 1640. Tal monarca entró en la Historia con el nombre de Juan IV, pero el pueblo siguió llamando palacio ducal a su casa. Su dinastía se extinguió en 1853 dejando paso a la última dinastía portuguesa, como ya se ha explicado. Como ya podemos suponer, el tal palacio está cargado de historia y joyas artísticas firmadas por Fernando II, como por otras que son de la propia mano del desdichado Carlos I de Portugal; excelente dibujante y buen pintor. Aparte de mobiliario, tapices, cerámica decorada por los dos reales artistas citados, azulejos, cubertería, lámparas, frescos, mármoles, orfebrería y un sin fin de objetos suntuosos bien dignos de un Rey. Pero es el momento de detenernos a contar la historia del fin de la monarquía portuguesa para comprender mejor el inmenso monumento que estamos visitando.

A veces hemos citado de paso que Portugal era una especie de protectorado británico que evitaba su absorción por España pero, durante muchos años, tanto Gran Bretaña como Portugal y la misma España se cuidaron mucho de mantener las formas para que pareciera que todas ellas eran naciones independientes y soberanas. La realidad era muy distinta y el poderío británico crecía sin cesar. Tanto crecía que ya no le bastaba a sus empresas con permitir que Portugal mantuviera determinados monopolios comerciales y plantearon a su protectorado encubierto el terrible ultimátum de abandonar sus colonias más ricas en la mayor parte de África. En 1890, un débil Portugal tuvo que ceder a las apetencias inglesas y abandonar los actuales territorios de Zambia, Zimbawe y Malawi, puentes entre Mozambique y Angola que sí les permitieron conservar para guardar las apariencias.

El pueblo portugués tiene su orgullo hasta en la peor de sus miserias y aquel golpe no le fue perdonado al Rey Carlos I. Las ideas republicanas se extendían por todo el país haciendo repugnante la sola mención a una monarquía ya sentenciada. La noche del 31 de Enero de 1908 fue la última en la vida de Carlos y la pasó en el Palacio que estábamos visitando. Al día siguiente, tras cruzar el Tajo y desembarcar en Lisboa, iba en coche descubierto saludando a su pueblo en compañía de su esposa, la bella francesa Amelia de Orleáns (1) y de su hijo Luis Felipe cuando un par de republicanos, antiguos militares y tiradores con experiencia llamados Alfredo Costa y Manuel Buiça lo mataron en el acto de un disparo; su hijo, también alcanzado, sobrevivió veinte minutos más en los brazos de la Reina Amelia quien trataba de defenderse golpeando a los asesinos con un ramo de flores. Si queréis saber qué pasó después, Carlos fue sucedido por Manuel II hasta que la revolución republicana lo depuso en 1910. Si continúo con lo que pasó luego en Brasil sería meternos en otra historia diferente. El resultado fue que Portugal es una república desde el 5 de Octubre de 1910.
Asesinato en la Plaza del Comercio
de Lisboa del Rey Carlos y su hijo
Luis Felipe, según un diario de la época.
Volviendo al Palacio Ducal impresionan desde sus suelos; a veces alfombrados y a veces pavimentados con muchas clases de losetas, hasta sus techos; a veces con casetones pintados, otras con casetones reales y otras con frescos. A cada paso vemos chimeneas de mármol portugués de muy bellas trazas y tallas. Azulejos de diferentes colores y épocas que dan para un estudio histórico de su fabricación y evolución. Mobiliario impresionante destacando bargueños, mesas y armarios de todo tipo, casi todos de taracea bien de marfil o bien de maderas de diferentes colores. Las paredes adornadas con tapices, cuadros del Rey Fernando II el Artista y dibujos del propio Carlos de los que sobresale un autorretrato excelente. Los platos decorados por ambos reyes son una maravilla y vemos detalles de cortés delicadeza hasta en la confección de los menús -¿se dice así?- escritos y dibujados a mano por el Rey Carlos y su esposa Amelia, de quien nos ha quedado un retrato ecuestre montada a la amazona que ya quisieran tener esa figura y esa elegancia muchas de nuestras modelos actuales. Me ahorro hablar de la distribución que, aunque irracional para nuestra época, era la normal de los palacios de antes de existir la luz eléctrica y cualquiera que haya visitado Versalles sabe a lo que me refiero: esa sucesión de habitaciones sin más intimidad que la que pueda proporcionar el dosel de una cama o la oportuna cortina. Salimos al exterior por el patio de caballerizas y de ahí a la calle. También la portada de la entrada de carruajes era digna de un rey. Se trataba de una de las muchas puertas de nudos que hay en Portugal pero, esta vez, las cuerdas figuradas que sujetan las falsas dovelas del arco estaban talladas como maromas de barco que llevaban hasta moluscos incrustados. Una maravilla de la que lamento no poner fotos porque estaba prohibido hacerlas en todo el recinto.

Dintel de la puerta de nudos
de las caballerizas del Palacio Ducal.
La gente quería ir de compras y aun quedaba una hora de sol. La plaza principal de Vila Viçosa, cerrada por el Palacio Ducal y el convento de san Agustín no dejaba lugar a tiendas; así que el amable chófer nos llevó a Estremoz para que fueran a hacer su oportuno shopping a un lugar repleto de antigüedades que hasta alguna había que no era falsificada. Mi lumbalgia se puso impertinente y decidí esperar en un chiringuito con una cerveza que me costó barata pero que el camarero zombi, buen alentejano, no se dignó servirme y tuve que volver al interior a servírmela yo ¡Y encima, pedirle un vaso porque el muy guarro quería que me la bebiera a morro! Por cierto, amada Portugal ¿Qué has hecho con tu Sagres, ayer cerveza y hoy lejía gasificada con trocitos de papel de lija dentro? ¿Te ha obligado la pérfida Albión a estropearla o ha sido la no menos pérfida Holanda por la competencia con su sopa flojucha amarilla a la que llaman cerveza?

Se acabó el día. Regreso al hotel. Cena maravillosa y descanso. Mañana toca ir a Monsaraz, la última de las maravillas medievales a visitar en este viaje.

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(1Amiga de la infancia de la eterna Reina Victoria. Con esos amigos ¿quién necesita enemigos?

domingo, 5 de marzo de 2017

- UN PASEO POR ÉVORA Y EL ALENTEJO (I) -

- 24-02-2017 -

Me voy a Portugal. Es un lugar siempre grato de visitar: Amable, hospitalario y con una gastronomía legendaria en calidad y cantidad que empecé a conocer en 1969 y que siempre me sorprende gratamente. Esta vez queremos darnos una vuelta por el Alentejo, palabra que significa "Más allá del Tajo" y pondremos nuestra base en una de sus ciudades más bonitas.
Escudo de Évora
Bandera de Évora














Salimos de Sevilla temprano y el tráfico nos permitió mantener una buena velocidad constante. La ruta elegida para salir de España no fue la más corta, pero sí la más segura al transcurrir toda por autovías. Tomamos la Ruta de la Plata con parada en Monesterio, en uno de esos lugares inmensos y horribles de carretera al estilo de la cadena Abades, pero aun más desmesurado de tamaño. Allí paramos un rato para tomar un café y aliviar de paso las vejigas, ya que aun quedaba un buen trecho para nuestro destino. Seguimos el viaje hasta mi Mérida de tan buenos recuerdos y desde allí a Badajoz para entrar en Portugal por la bellísima Elvas que no visitamos esta vez. El tráfico seguía fluido y en poco tiempo estábamos a la altura de Estremoz para pasar a Évora Monte y, después abandonar la autovía y tomar el corto ramal de carretera que nos llevaba a nuestra base de Évora.

No puedo dejar de mencionar la impresión que produce pasar de una Extremadura española con sus campos limpios de maleza, perfectamente cuidados y llenos tanto de cultivos antiguos de olivos, vides, cerezos y almendros, como de nuevos plantones de las mismas especies. Que tenga cuidado Jaén porque si a la inmensa provincia de Badajoz le da por producir en serio aceite de oliva, se va a encontrar con que no son suficientes sus más de sesenta millones de olivos, ya que Badajoz puede albergar más del doble sin abandonar el resto de sus cultivos tradicionales. Pero decía que me sorprendió el cruce de la frontera porque me encontré con una franja de kilómetros de campos sin cuidar, bastante sucios y con una alta probabilidad de incendios en tiempo seco; circunstancia que empezó a cambiar a mejor conforme nos adentrábamos en el país aunque, todo hay que decirlo, solían ser fincas propiedad de empresas españolas.

No era la primera vez que estaba en Évora, pero sí era la primera vez en visitar esa hermosa ciudad con guía nativo. Lamentablemente no pudimos llegar en el bus hasta la puerta del hotel porque estaban en carnavales y los "guardinhas1" no permitían el acceso. Pero no pasa nada y arrastramos nuestras maletas por el corto trecho que hay desde la muralla hasta el Hotel Évora Olive, un buen establecimiento que dice ser de cuatro estrellas aunque dichas estrellas no figuran por ninguna parte. Creo que es tan nuevo que aun está por clasificar oficialmente. Llegamos tan pronto que la dirección del hotel se nos excusó por no poder darnos aun nuestras habitaciones y nos citó para las 13:30, hora portuguesa, para hacerlo.

Había que aprovechar el tiempo. Los horarios portugueses son diferentes a los españoles y mucho más aproximados a los europeos, quizá herencia de tantos siglos de encubierta colonización británica que aun perdura; así que aprovechamos el tiempo por nuestra cuenta para subir hasta la Catedral que visitamos algunos y hacer algunas fotos de su templo romano, o de lo que queda de él ya que la invasión musulmana, para variar, destruyó la mayor parte de sus columnas y casi la mitad de su basa para aprovechar las piedras en no quiero saber qué cosas. Pero ya volveremos a las descripciones de sus monumentos.

Portada de nudos de un palacio de Évora.
Como casi todas las ciudades portuguesas excepto algún barrio nuevo de Lisboa, el pavimento portugués se caracteriza por ser casi peor que el de Roma. Al ser la zona rica en canteras de mármol y de granito, las calles están empedradas con trocitos de estas piedras que nadie se ha preocupado de nivelar con esmero. El resultado es que se hace necesario el uso de calzado recio, de aventura, para caminar por allí sin dejarse los pies en el intento. Por suerte, como ya lo sabía, iba muy bien equipado para tal fin. Pero ya era la hora de volver al hotel y así lo hicimos. Nos dieron las habitaciones y, por ser españoles, respetaron ese día nuestro horario de comida teniendo en cuenta la diferencia horaria de los dos países. El resultado fue que tuvimos tiempo de sobra para acomodarnos y algunos hasta nos duchamos y cambiamos de ropa. ¿Qué decir de la comida? Portugal es Portugal y hay cosas que no se discuten. Por ponerle algún defecto diría que no había mucha variedad en el autoservicio pero todo era exquisito y la cantidad era a discreción. El paladar pedía más y más, pero la prudencia aconsejaba no comer demasiado porque la tarde podría ser dura y no convenía ir pesado por aquellas cuestas. Ya nos desquitaríamos en la cena.
Templo romano de Évora

Évora, que cuenta en la actualidad con unos sesenta mil habitantes, es una de las ciudades más antiguas de Portugal y su propio nombre ya nos da trazas de su posible origen ibérico aunque también posee en sus inmediaciones monumentos megalíticos que denotan una ocupación estable desde la época neolítica. Con la dominación romana se amuralló el asentamiento primitivo y se erigió un templo en lo más alto de la ciudad que, aunque parece ser que estuvo dedicado al culto de un emperador, fue llamado erróneamente como Templo de Diana2 hasta hace no demasiado tiempo. También construyó unas termas de las que quedan vestigios. Poco se sabe de la época visigoda pero Évora vuelve a resurgir bajo la dominación musulmana debido a su posición geográfica; aunque, como siempre, el primitivo urbanismo fue destruido y los edificios romanos fueron usados como cantera para emplear sus materiales en las nuevas construcciones a capricho de los dominadores. Devuelta a la civilización en 1165 por el caballero Giraldo Sempavor -Gerardo sin Miedo en castellano- Évora comienza una gran etapa de desarrollo económico y al año siguiente ya le fue otorgada su carta de derechos feudales por el Rey Alfonso I de Portugal y se estableció en ella para su defensa la Orden de Calatrava, llamada después Orden de Avis en Portugal para diferenciarse de la española original. Sobre la mezquita se empieza a construir la actual Catedral que, a pesar de estar terminada en estilo gótico, su traza excesivamente maciza y robusta denota claramente la primitiva concepción de un templo románico, idea que se refuerza por la concepción de su portada principal. En sus alrededores se construyen los primeros palacios nobiliarios y eclesiásticos y se establecen fuera de las murallas algunos conventos sin menoscabo de los barrios judío y musulmán, también extramuros.

Évora. Fuente de la Plaza de Giraldo.
Salimos acompañados por la guía y nos hizo subir hacia el corazón de Évora donde ya habíamos estado algunos aquella mañana. Una breve parada en la Plaza de Giraldo, llamada así en honor al conquistador y que hace las funciones de plaza mayor, para seguir subiendo hacia la Catedral y el templo romano. La Catedral es uno de los ejemplos de iglesias-fortalezas almenadas que jalonaban el sur de la Península y como ya se ha dicho, muestra esos curiosos contrastes que se acentúan al entrar y contemplar las pesadas columnas que separan las tres naves principales, con la central de mayor altura que las dos laterales. Los brazos de la cruz que forma la planta son, quizá, algo desproporcionadamente largos y, como casi siempre en la Península, está salpicada de retablos barrocos. Resalta el primitivo órgano, del siglo XV y aun en funcionamiento; uno de los más antiguos de Europa y que se usa sólo una vez al año por lo precario de su estado. Lamentablemente, por motivos de horario no pudimos entrar a ver el claustro gótico del siglo XIV. Otra vez será porque Évora merece más visitas.

Catedral de Évora. Parte renacentista.
Seguimos por el centro para ver desde el exterior el Palacio Episcopal, el antiguo Palacio de Justicia, la casa del Inquisidor y algunos edificios de la Universidad. Pero nuestra siguiente visita era la Iglesia de San Francisco que se trata de una iglesia conventual con planta de salón y capillas laterales. Construida entre 1480 y 1510 en estilo gótico manuelino muestra una curiosa portada en la que los arcos góticos clásicos se mezclan con otros de
Portada principal de la Catedral de Évora.
Se observa que, a pesar de sus arcos ojivales,
la traza del atrio es románica.
herradura apuntados. Su fachada principal ya se remata en un estilo renacimiento muy tardío. Por dentro, se abren diez capillas que dan directamente a la única nave principal y destaca sobre todo el gran retablo mayor, de mármol, y dos preciosas ventanas renacentistas sobre el ábside en el lado de la epístola desde las que los reyes podían asistir a las ceremonias sin mezclarse con el pueblo. Al salir de la iglesia, por una puerta lateral se accede a lo que queda del antiguo claustro que debió ser magnífico antes de ser expoliado y,  desde allí,  se  pasa  a  la  llamada Sala del Capítulo; lugar de las


Diversidad de arcos de la iglesia de
San Francisco de Évora.
reuniones de la Comunidad para asuntos importantes. A través de esta sala se llega a uno de los lugares más curiosos de Portugal: La Capilla de los Huesos.

Como la pobreza y humildad franciscana no se avenía demasiado con las riquezas que iba atesorando la iglesia conventual, los monjes decidieron construir una capilla que les recordara la fugacidad de la vida para usarla como lugar de meditación; para ello, nada mejor que recurrir a los huesos humanos para decorarla. Sobre
Inscripción en el dintel de la entrada
a la Capilla de los Huesos.
el dintel de la puerta hay una leyenda que dice: "Nosotros, huesos que aquí estamos, por vuestros huesos esperamos". Fue construida sobre el primitivo dormitorio de los frailes entre fines del siglo XVI y principios del XVII. Es curioso observar que, si bien los huesos que revisten los pilares están pegados con argamasa, los de las grandes hornacinas laterales están simplemente apilados. Se completa la decoración con pinturas renacentistas y barrocas en los techos abovedados.


Pilar de la Capilla de los Huesos de Évora.

Era ya hora de regresar al hotel. Salimos de San Francisco y empezaron a oírse voces guasonas que gritaban: Shopping! Shopping now! Así que la amable guía se despidió de nosotros, ya que al día siguiente vendría otra de la misma empresa. La gente se fue de tiendas y algunos regresamos al hotel para esperar la cena. Mañana será otro día.







Pared con hornacina de la Capilla de los Huesos. Évora.

(1) La Policía portuguesa, para entendernos.

(2Esto del falso templo de Diana tiene una historia curiosa y muy sevillana. En el año 1900 se encuentra en Itálica una bellísima y monumental estatua de la diosa representada con todos los atributos de cazadora. Le faltan ambas manos y lo que pudiera empuñar en ellas, más el carcaj o aljaba para las flechas. También le faltaba parte de una rodilla que yo mismo vi restaurar en 1963. A partir de ese momento, todos los templos y edificios romanos de difícil catalogación en muchos kilómetros a la redonda se atribuyeron ser dedicados a Diana. Mérida no fue una excepción y Évora tampoco.

martes, 7 de febrero de 2017

- AL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN DE ENDESA -


Me dirijo a ustedes; sí, a ustedes, bufones más que cebados, gentuza hedionda de la peor especie.

Desde hace más de diez años recibo con una regularidad periódica mensual, llamadas a mi teléfono fijo reclamándome una deuda con ustedes de un tal Andrés Nosecuantos de cuya existencia tengo noticia sólo por esas llamadas y que, en alguna de ellas, lo han fijado como residente en un lugar situado a cinco kilómetros de mi casa. La llamada la efectúa una operadora desde el teléfono 913 229 800; obviamente de un simulacro de centralita porque no me creo que una mafia de cuarto orden tenga tales adelantos. La pobre chica no se merece la respuesta contundente que les doy a ustedes y la trato con amabilidad indicándole su más que repetido error.

Al efecto no tengo más remedio que salir a pregonar otra más de su interminable lista de indignidades:

- 1.- Como ya he dicho no sé quién es ese señor ni maldita la falta que me hace.

- 2.- Ni el más necio se cree que esa llamada proceda de ENDESA. Por supuesto que se trata de un buitre que se dedica a intentar sacarles algo a sus millones de morosos. La pobre operadora no es más que el último eslabón de tan triste y sórdida cadena.

- 3.- Se necesita ser imbécil en estos tiempos que corren para no ubicar el paradero de quien sea en menos de media hora si se dispone de un ordenador con conexión a Internet.

- 4.- Mi nombre real figura bajo este mensaje; mi teléfono fijo está al alcance de cualquiera que lo mire en la red y no lo oculto. Este número pertenece a una ampliación de la central de Feria por el que sustituyeron mi primitivo número de la de San Fernando, ambas de Sevilla, siendo yo su primer y único titular desde que se inauguró dicha ampliación hace más de treinta años. Soy del gremio y sé de lo que hablo, por si tienen dudas.

Con todos estos datos creo que ya tienen bastante como para ordenar a su puto buitre de mierda de cuarta categoría que me deje en paz para siempre. En cuanto a los demás aspectos del asunto debo decir y digo que:

- 1.- Me indigna que no se molesten en averiguar el paradero de su moroso. No me atrevo a decir que quizá sea porque ustedes también proceden genéticamente de los que se fueron sin pagar tras ser engendrados.

- 2.- Me indigna que su mafiosillo contratista emplee criaturas desesperadas. No sólo se vende él mismo sino que también quiere vender el alma de quienes emplea personas en condiciones infrahumanas, dadas las horas de las llamadas.

- 3.- Me indigna que sea legal molestar a quien ni saben quién es ni dónde vive para reclamarle deudas inexistentes. Por supuesto que es legal, porque también me indigna que tengan ustedes en sus consejos de administración de iniquidades a personajes que, sin dar ni golpe, se encargan de hacer legales todas sus tropelías.

- 4.- Me indigna que el importe de mi recibo de la electricidad sea de un 69% de impuestos para financiar de todo menos cosas útiles para la sociedad.

Concluyo mi argumentación porque no los juzgo capaces de mantener su atención más allá de la que sería capaz un primitivo anélido. Sólo me queda recomendarles que, si quieren recuperar la condición de seres humanos que quizá tuvieran al nacer, se pongan a trabajar y no a tocarse los genitales por miles de euros la hora.

¡Ah! Y me precio de no tener más deudas que las que cualquier ser humano -he dicho humano y no hablo de ustedes- contrae al nacer con el Sumo Hacedor. Aparte, claro está, de las de amor y gratitud con los míos; aunque ese concepto esté demasiado alejado de sus almas de gusanos.


Atentamente,

José Antonio Utrera Bouzada.


sábado, 4 de febrero de 2017

- UN SONETO PARA DESENGRASARME DE HISTORIA -


Con la especial dedicatoria a quien ha hecho posible este texto con sus reflexiones.

¿Cómo quieres llegar si ni siquiera
empiezas el camino con un paso?
Si ya das por seguro tu fracaso
¿te quejas por pensar a la ligera?

Si no empiezas no acabas la carrera
y no culpes a nadie del retraso
por el tiempo que sientes tan escaso:
Ve, camina y encuentra la manera.

Si no eres no estás; si estás ausente
No observas y no ves: no sabrás nada
de lo que tan cercano está presente.

Si no enseñas, tu luz será apagada.
No podrás aprender aunque lo intente
la poca de razón que tienes dada.

domingo, 18 de diciembre de 2016

- JAÉN. RENACIMIENTO EN EL OLIVAR (III) -



- IV.- 27 DE NOVIEMBRE -

Último día del viaje y nada mejor para despedirnos de aquellas tierras que un paseo por la ciudad de Úbeda para que su vista nos haga el efecto de estar siempre deseando volver. Dos lugares tan cercanos como Baeza y Úbeda, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad y ambos con un número similar de más de quinientos monumentos catalogados en cada una de ellas, reúnen entre las dos muchas más obras de arte que la gran mayoría de ciudades de mayor peso demográfico. Pero el viajero advierte una clara diferencia entre ambas. En efecto: la anteriormente descrita Baeza tiene un casco histórico más reducido, lo que obliga a que su cúmulo de edificios notables estén muy juntos; pero en Úbeda las cosas son diferentes porque al ser su recinto amurallado bastante mayor que el de su vecina permitió que su desarrollo urbano dispusiera de espacios para que la vista se pueda recrear en sus maravillas sin tanto agobio.
Úbeda. Patio del Hospital de Santiago.

Por aquellos tiempos del siglo XVI se fue haciendo costumbre que las grandes familias castellanas destinaran grandes sumas de dinero a la construcción de hospitales para atender a enfermos sin recursos. Y así, tomando como modelo al Hospital Mayor de Milán, se comienzan obras monumentales con esos fines caritativos. En Sevilla, hacia 1535, comienzan las obras del imponente Hospital de Las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento de Andalucía, bajo proyecto y dirección de Martín Gaínza con el patrocinio de don Fadrique Enríquez de Ribera1 por mandato testamentario de su madre doña Catalina de Ribera.
Úbeda. Bóveda de la escalera principal del Hospital de Santiago.

Pues bien; pocos años después de iniciarse las obras del actual edificio de Sevilla, en 1562 Andrés de Vandelvira recoge la idea del modelo milanés proyectando y ejecutando para Úbeda lo que conocemos como Hospital de Santiago, hoy dedicado a centro de exposiciones y congresos, biblioteca y usos culturales. Y, como siempre, Vandelvira no nos defrauda. Al contrario que el hospital sevillano, su construcción fue muy rápida para la época, ya que en el frontal de la escalera principal figura como terminado en 1575, lo que permitió la unidad en su estilo manierista que lo caracteriza, sin añadidos de otra clase. La obra fue posible gracias a don Diego de los Cobos, Obispo de Jaén, quien quiso destinarlo a hospital para pobres, así como a iglesia que incluía su propio panteón.

Por desgracia para nosotros, la visita fue necesariamente muy rápida porque nos esperaban muchas más cosas que ver. Aun así, tras el gran arco de acceso y tras cruzar el patio principal con columnas de mármol de Carrara, pudimos contemplar la monumental escalera decorada con frescos de la misma época de su construcción realizados por los mismos autores que decoraron el retablo mayor de la iglesia y que fue destruido durante la Guerra Civil, como tantas obras de arte. Apenas pudimos ver al paso la gran reja de forja, de tres hojas, que da acceso a la iglesia y que también su diseño fue de la mano del propio Vandelvira2.

Úbeda. Clave del dintel de la puerta oeste
de la Iglesia de San Lorenzo.
Salimos a buscar otras maravillas y la lluvia nos dio una pequeña tregua. Bordeamos la antigua muralla deteniéndonos a contemplar algunas de las curiosidades de su trazado y la puerta llamada del reloj, ante la que es tradición que Carlos V juró respetar los fueros de la ciudad antes de visitarla. Rodeando esta muralla llegamos a la Iglesia de San Lorenzo cuyo interior, completamente destruido durante la Guerra Civil, sirvió de refugio posteriormente a familias sin recursos hasta que se pudo pensar en restaurarla. Y, efectivamente, en su puerta hay un llamativo cartel anunciando: “Abierto por obras” lo cual es un buen reclamo para que el viajero pague gustosamente un euro para visitarla.

La Iglesia de San Lorenzo es un buen ejemplar renacentista erigido sobre una primitiva iglesia del siglo XIII y quizá, como muchos otros templos, sobre los restos de una mezquita que, a su vez, fue templo visigodo, antes romano y así perdiéndose en los tiempos su origen pero conservando siempre su objetivo de ser un lugar dedicado al culto. Su costado sur o lado de la Epístola3, se apoya directamente en la muralla de la ciudad. La portada primitiva luce un dintel perfectamente ajustado de una traza correspondiente a mediados o finales del XVI, cuya clave tiene grabada la parrilla símbolo del Santo y debajo una inscripción gótica ilegible de la que única palabra que descifro es la última de “mayordomo” Quizá la firma del administrador o arquitecto de las obras de nombre ilegible que figura más arriba.

Resulta interesante resaltar del interior la pequeña profundidad de las capillas laterales, lo que casi le da un aire de iglesia conventual, más los añadidos decorativos incorporados con el tiempo, la mayor parte de yesería muy deteriorada pero que conserva los típicos casetones almohadillados en el arco toral y los arcos de las capillas. El techo, salvo las pequeñas bóvedas del ábside y las capillas, es de un alfarje muy modesto; no sé si original o producto de alguna obra de reparación urgente tras la destrucción e incendio de 1936 que acabó con todas las obras de arte de la iglesia. Como era de esperar, bajo el suelo había cientos de enterramientos con alguno de los esqueletos aun engastados en los cimientos. Completa el conjunto un coro alto elemental, reconstruido en los últimos años. Nos despedimos de allí deseándoles suerte en las obras de restauración de este bello ejemplar, aunque me temo que la espadaña deberá ser demolida por el aspecto ruinoso que presentaba.

Seguimos rodeando la muralla hasta llegar a la antigua puerta de Granada. Ante el muro, un gran pilón con una fuente que supongo serviría como abrevadero de ganado. Y no resisto a contar una anécdota divertida relacionada con el nombre popular con el que se conoce. Se cuenta que, al poco de inaugurarse la Universidad de la vecina Baeza, dos estudiantes se fueron de juerga a Úbeda y bebieron hasta caerse dormidos. Al amanecer, la resaca hacía sus efectos y se fueron al pilón a beber y refrescarse. Uno de ellos era alto y el otro bajito. El alto bebió y se lavó la cara sin problemas, pero el corto de talla trataba de alcanzar el borde con mucho esfuerzo y, como eran estudiantes de la época, su idioma era el latín. El bajito le dijo al alto:

- Non posso (No puedo) - A lo que su compañero le contestó animándole:

- Si potes, si potes (Sí puedes, sí puedes)

En esto, el iletrado tabernero que los oyó, exclamó con aire de suficiencia:

- ¡Cipotes! ¡De Baeza tenían que ser!

Al lugar se le quedó para los restos el nombre de Fuente del Cipote.

Pero había que seguir que el tiempo apremiaba. Entramos de nuevo intramuros del casco urbano e hicimos un pequeño descanso para el café. El sol se había asomado y muchos estábamos hechos polvo. Apenas media hora pero fue suficiente porque Úbeda es un filón inagotable de maravillas y apenas habíamos empezado.

Úbeda. Una preciosa pieza del Museo Arqueológico.
Una corta visita al Museo Arqueológico instalado en una preciosa casa mudéjar. De acuerdo con su historia, Úbeda posee restos desde la más remota antigüedad y así pudimos echar un rápido vistazo a restos Neolíticos, cerámica y tallas iberas, algunas más que notables, lápidas sepulcrales romanas, vasijas de factura y decoración clásicas, lápidas con epigrafía árabe, arcos originales de los más diversos estilos y muchas otras obras que bien merecerían echarle una mañana a la visita. Se echaba de menos la presencia del muy rico arte ibérico que yo conocía de anteriores visitas, pero es que esas obras habían sido trasladadas al recién creado Museo Nacional de Arte Ibérico que está a punto de inaugurarse a las afueras y que promete ser tanto o más interesante que su homólogo romano de Mérida.

Poco tiempo nos quedaba de visita y apenas si habíamos empezado. Nos dirigimos a una de las plazas más bellas que recuerdo haber visto en mi vida: la 
plaza Vázquez de Molina donde se encuentra el Ayuntamiento y donde existe una concentración de monumentos más que sobresalientes. El propio edificio del municipio es ya una preciosa muestra del
Palacio de las Cadenas. Ayuntamiento de Úbeda.

más puro Renacimiento que si no fuera porque ya conocíamos el lugar sería una sorpresa encontrarse con un edificio totalmente italiano en el corazón de Andalucía. Llamado en su día Palacio de las Cadenas fue mandado construir para residencia particular por Juan López de Molina, secretario de Felipe II y sobrino de Francisco de los Cobos y Molina, de quien ya nos ocuparemos. Proyectado por el omnipresente Andrés de Vandelvira nos traslada al corazón de Florencia con ese gran palacio romano de tres plantas y una distribución también romana, con su patio central de columnas de mármol y piedra dorada. Fue edificado entre 1546 y 1565 y, al fallecer su propietario sin descendencia, fue reformado para adaptarlo a convento. Con la desamortización de 1873 fue destinado al uso que tiene ahora.

Las tres plantas tienen diferentes alturas, de mayor a menor, para lograr un mejor efecto visual desde el exterior. Falsas pilastras dividen la fachada en siete calles y, debido a la rapidez de su construcción consigue una gran uniformidad en su estilo típico de la fecha. Como es habitual en Vandelvira, las siete calles poseen otros tantos balcones alineados al eje de las ventanas y la puerta de acceso de la planta baja. En la segunda planta, los ojos de buey sustituyen a los balcones y ventanas de las plantas inferiores, soportando la cornisa cariátides y atlantes. A un lado de la fachada, una placa de bronce nos recuerda que Úbeda es Patrimonio de la Humanidad desde el 3 de Julio de 2003, junto con su vecina Baeza por la cantidad de edificios monumentales y su buen estado de conservación.

Úbeda. Capilla del Salvador.
Pero, ante este espléndido edificio, la vista se nos desvía irresistiblemente a la derecha en dirección a la antigua muralla, hoy casi derruida, que cierra la plaza. Y es que allí se encuentra una joya de mayor valor aun en la que Andrés de Vandelvira mostró su valía al sustituir como arquitecto al indiscutible Diego de Siloé al haber dejado plantada la obra este último para irse a realizar la Capilla Real de Granada. Se trata de la Capilla del Salvador, concebida y construida como panteón funerario del ya citado Francisco de los Cobos.

Merece la pena detenernos un poco en esta figura histórica, ya que fue un hombre de una tremenda honradez a pesar del delicado cargo de tesorero de Carlos V que ostentaba. El Emperador, sabedor de esa cualidad tan extraña en un cargo así, se fiaba totalmente de su administración y sus consejos y llegó a premiarle con el uno por ciento de todo el oro que viniera de Indias, con lo que la honradez del probo funcionario lo convirtió en inmensamente rico; honradez que inculcó a sus descendientes, quienes también ocuparon cargos de relevancia con Felipe II. A pesar de sus servicios y de la insistencia de Carlos, el buen don Francisco nunca quiso ser nobilizado y rogó al Emperador que los posibles títulos con que quisiera honrarle fueran para sus descendientes.

A la nada despreciable edad de cuarenta y cinco años, en 1522, se casa con una joven noble, María de Mendoza y Sarmiento quien contaba entonces con sólo catorce años de quien nacería su único hijo Diego de los Cobos y Mendoza4 que, por expreso deseo de su padre fue distinguido con el título de Marqués de Camarasa. Esta unión hizo que emparentara con una de las familias más poderosas del Reino y que su estirpe se perpetuara en la Administración.

Úbeda. Puerta de la sacristía de
la Capilla del Salvador.
Volviendo a la Úbeda monumental, don Francisco quería edificar allí mismo también su palacio particular, una universidad y una capilla funeraria, además de dotar suficientemente todas estas obras pero, a pesar de tener conseguida la bula papal de Pablo III que le autorizaba a la fundación universitaria, no le fue posible llevarla a cabo por fallecer antes ni tampoco le dio tiempo a edificar el palacio deseado; pero sí para dejarnos en aquella plaza dos importantes monumentos. Uno de ellos fue, precisamente, la capilla funeraria del Salvador destinada exclusivamente a mausoleo suyo y de su esposa.

Basada en el primitivo proyecto de Diego de Siloé, la fachada principal no recuerda en nada la función religiosa del edificio, ya que su decoración es totalmente pagana con figuras de dioses, héroes y seres legendarios de la mitología clásica. Igualmente, la proporción de sus dimensiones de anchura exactamente la mitad que la longitud, la hacen candidata idónea a la calificación de neopitagórica. Pero el remate interior, el retablo mayor de Berruguete y las bóvedas vaídas de Vandelvira hacen del conjunto una obra de arte de primer nivel del que me atrevo a destacar, como aficionado, el impresionante y largo arco esviado que comunica la capilla con su sacristía, así como su bellísima portada en L. Describir aquel conjunto da materia sobrada para una gruesa monografía y el viaje era sólo de turismo. Sólo contar que, en la actualidad, la propiedad de la capilla es del Ducado de Medinaceli quien se sigue ocupando de la continuidad del culto y del mantenimiento del edificio.

Pero aun no hemos acabado de hablar de las obras encargadas por don Francisco. Mirando a la fachada de la capilla se nos queda a la izquierda otro notable palacio también encargado por él. Quiso el mecenas que, para asegurar la continuidad en el tiempo de sus continuos funerales y misas en sufragio de su alma, que el sacerdote encargado de los mismos viviera sin estrecheces. Y aunque la titularidad de la capellanía era del Obispo de Málaga, éste designaba un deán de su catedral para que tuviera residencia permanente en Úbeda. Así que don Francisco ordenó construir un palacio al lado de la capilla que fuera digno del Obispo, pero que sería ocupado normalmente por su deán delegado5. Este palacio, llamado del Deán Ortega por ser éste quien lo ocupó por primera vez, también se atribuye a Vandelvira aunque sus columnas nazaríes me pongan en duda. De cualquier forma es una obra impresionante, digna de un genio y, desde 1930 se usa como Parador Nacional de Turismo.

Eran casi las dos de la tarde. Intentamos echar un vistazo rápido a la Sinagoga del Agua pero ya habían cerrado ¡Otra vez será! Comimos en un restaurante cercano y, con pena de abandonar aquellos conjuntos de maravillas, subimos de nuevo al autobús para volver a casa. Creo que todos nos prometimos volver muchas más veces porque tantas obras de arte están para disfrutarlas con tiempo.

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1Curioso personaje que nos ha dejado una de las primeras crónicas de un viajero que se hayan escrito. Con mucha sinceridad y buen sentido del humor relata su viaje a Tierra Santa con todo lujo de detalles y es una delicia leerlo.

2A diferencia de su coetáneo y admirado Diego de Siloé quien también esculpía como bien lo demostró en Granada y Toledo, Andrés de Vandelvira no era escultor ni pintor ni, mucho menos, herrero. Como buen arquitecto se limitaba a dibujar y a dirigir obras.

3Para un aficionado a la Historia, como este servidor, es de mucha ayuda saber que la gran mayoría de las iglesias antiguas siguen la orientación clásica Oeste-Este, quedando al norte el lado del Evangelio y al sur el de la Epístola. Con las debidas excepciones, a veces sonadas, la presencia de una iglesia de más de doscientos años de antigüedad sirve de brújula al viajero que conozca el secreto y en alguna ocasión me ha sacado de un apuro. Este asunto da para un artículo algo extenso.

4Nótese que en esa época, las leyes y disposiciones de Cisneros habían hecho su efecto y la ordenación de apellidos ya seguía la estructura que hemos conocido hasta los cambios permitidos por últimos gobiernos.


5Estoy seguro que los canónigos malagueños se disputaban el cargo a navajazos.